jueves, 15 de septiembre de 2011

Restaurante Sitka & Spruce en Seattle: Grunge fine dining



Mezclamos Duralex y Riedel...una mesa de madera larga, un horno de leña y la musica de Neil Young y el Bowie más setentero....y ya podemos hacernos una idea del ambiente de "Sitka and Spruce"...el pequeńo y acogedor local del chef Matthew Dillon. Él mismo cocina ante nosotros con la asistencia de una especie de rastafari que pincha, corta y salsea. Amplia carta de vinos locales, franceses e italianos. Pedimos una botella de blanco, Alba Cor, 52% Pinot Gris / 46% Gewurztraminer. Una ensalada de brócoli, endivias, boquerones en vinagre y salsa de anchoas. Muy curiosa y refrescante. De platos principales un Pink Salmón con albahaca y setas salteadas y un cochinillo al horno con salchichas al vino que venía con un lecho de crema de aceitunas negras y tomatitos en una especie de vinagreta. El pan era de hogaza, con mantequilla salada. El servicio bueno, con la sensación de estar cenando en la casa de Dillon. Está en el Melrose Market, muy de moda y en alza. Allí mismo está Ferd’nand, el bar del mismo chef en el que podemos comprar vinos muy interesantes.

miércoles, 17 de agosto de 2011

martes, 3 de mayo de 2011

Aponiente (Puerto de Santa María)

La experiencia comenzó prometedora, ascendió rápidamente de nivel y acabó en mosqueo. Una decepción desalentadora. De los menús degustación pedimos el intermedio, maridado con vinos, pero no los generosos VORS, sino el normal. Nos tomó la comanda el propio cocinero, y al momento llegó el sumiller para preguntar gustos. Fue una larga charla que no entendimos muy bien, porque insistimos en dejarnos llevar mientras él se empeñaba en concretar. Más tarde entendimos lo que sucedía. Al final nos puso unas copas de Manzanilla San León Reserva de la Familia, muy interesante, con sabor a maderas.....y después rellenó las copas. Y así hasta el final...Pensábamos que sería una apuesta radical de maridaje, hasta que descubrimos que no era tal. Tomamos todo el menú con el mismo vino. El propietario del restaurante se había equivocado al tomar la comanda o no lo comunicó correctamente, porque cuando llegó la cuenta vimos que nos habían puesto el menú degustación básico sin maridaje, con lo que fue entonces cuando entendimos el tercer grado al que nos sometió el sumiller. Una pena porque la comida es bastante destacable, aunque te quedas con ganas de un final mas redondo. El buñuelo de camarones te hace soñar. Las chacinas de mar sorprenden. La caballa marinada con cominos en suave y deliciosa, lo mismo que las sardinillas braseadas en huesos de aceitunas. El Tomaso que pinta de verde el fondo del plato tiene aires japoneses y es contundente en el sabor...lo mismo que los langostinos en su jugo. Divertidas las empanadillas de calamares de potera que estallan en la boca y -para nuestro gusto- final poco acertado con el arroz de plancton, que más parece un entrante que una guinda para un menú que discurría por un "crescendo" espectacular de sabores. Quizás el Tomado hubiera ido mejor como traca final. El sutil de manzana hace de sorbete para cambiar al postre: el pastel de medina sidonia, que no estaba mal, aunque el sabor del huevo se imponía demasiado. Con el café nos pusieron unos petit fours microscópicos...."super petit"...jeje...el reinado de lo mínimal puede llegar a ser ridículo¡. En fin, las expectativas muy altas, la comida en línea (por lo menos al principio) y final triste, sin el maridaje que habíamos pedido. Lo peor fue preguntarse el "porqué" del error ¿se dio por hecho que queríamos el más barato?....mejor no buscar esta respuesta (que te cabreas mas). Al despedirnos ya no estaba el cocinero y tampoco era plan descargar contra el sumiller, que tal vez no tenía idea de lo sucedido, así que a pasear por el Puerto y a tomarse una leche merengada fresquita ¡¡¡¡. Otra vez será ¡¡¡¡.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Alboroque (nueva temporada)



El restaurante ha cambiado de ubicación, en otra planta del complejo, aunque mantiene la dirección en Atocha 34. En la cocina manda ahora Alberto Gómez Letón. Habíamos estado antes y queríamos probar en esta nueva temporada. Cenamos entre cuadros de Eduardo Arroyo y Rafael Canogar, en zona de fumadores (¡que gusto¡).

El servicio estuvo muy bien y la cena (en general) bastante buena y con estupenda relación calidad/precio. El menú degustación cuesta 50 euros y el maridaje de vinos 10 euros adicionales. En los aperitivos tomamos nueces de macadamia rebozadas, espuma de ensaladilla con salmorejo y una especie de bocadillitos/minitostas con anchoa. De los entrantes te dan a probar el Micuit con manzana a la sidra y tarta de pera (uhmmm), las alcachofas con royal de cecina y turrón de cacahuetes (la salsa tenía también algo de foie), y el tercer entrante el chipirón con patatas en amarillo, de buen sabor y muy blanco.

De pescado, el pez de roca con marinera de erizos, pisto y crema ligera de al-i-oli...tal vez un pelín seco....y después la carne, de ave en este caso....el pichón con maíz a la parrilla, pomelo y foie. Las raciones son pequeñas, pero no salimos con hambre porque son bastantes platos. Incluye dos postres: los cítricos, con bizcochito de mandarina (muy rico) y un brownie con helado de jengibre y toffee de cardamomo. A los cafés también te ponen petit fours, tres "golosinas" diferentes.

Con los aperitivos tomamos unas cervezas Pilsen Urquell. En el maridaje, un Chardonnay de René Barbier muy maderado, que llegó hasta el pescado. Luego un Vallebueno Crianza 2001 que maridó muy bien con el sabor potente del pichón.

A los postres regresamos a René Barbier, con un Viña Augusta 2009. Creíamos que seria más dulce. Las copas nunca estuvieron vacías.

Nos gustó con Andrés Madrigal y nos ha gustado en esta nueva etapa....(incluido el precio más ajustado¡¡)


martes, 25 de mayo de 2010

La Cabaña de la Finca Buenavista (Murcia)




Me parecía un misterio que le dieran una estrella Michelin a un restaurante que no abre los fines de semana, que sólo da cenas los Jueves, que está dentro de una cabaña africana y en unas instalaciones diseñadas básicamente para celebraciones. Tampoco es fácil encontrar el lugar si se es de fuera (como es el caso). Pero GPS en mano, las dudas se disipan cuando pruebas la cocina de Pablo González-Conejero. Deslumbra con los nitrógenos y las espumas pero cuida el producto y utiliza las técnicas a mayor gloria de los sabores. El comienzo con la sorpresa de las "joyas" (tres esferificaciones en una caja) continua con otros "snacks" de vanguardia. Los platos son contundentes y terminan con un kobe delicioso con trazas de carbón. A destacar también el atún rojo, con acompañamientos en diferentes texturas para ir acompañando/jugando con el sabor principal. Los quesos casi líquidos en presentaciones diferentes también un "must". Los postres van de menos a más, pero la abundancia de "petit fours" hace que te arrepientas de haber rechupeteado la cuchara antes.....Con los dulces un Pouderoux Maury 2002, que completa las otras bebidas. Unas cervezas fresquitas durante los aperitivos y un Dominio de la Vega, reserva especial, que maridó de muerte con la ostra. El servicio es excelente, siempre atento y correcto. Además "todavía" se puede fumar. La experiencia ha sido muy buena y la pena es que sólo se pueda repetir en día de diario. El único "pero" que pondría sería el de la música, manifiestamente mejorable (mucha banda sonora y "clásicos populares"). El menú degustación es largo, para tomar sin prisas. Y si el comienzo es espectacular, el final es de la misma índole. Añado La Cabaña a la lista de templos murcianos, junto al Palacete rural de la Seda o el Trapería 30.

miércoles, 28 de abril de 2010

En el IVAM de Valencia: La Sucrusal




Segunda visita a La Sucursal, la primera fue hace más de un año, y la verdad es que en esta ocasión la experiencia ha sido mucho más gratificante. También había más ambiente, cena de sábado por la noche. El menú que tomamos fue el "Tradición" acompañado de caldos de la tierra (un cava valenciano, Vegalfaro, y un tinto de las mismas bodegas, Pago de los Balagueses). El trabajo de Manoli Romeralo como sumiller sigue siendo espectacular, atendiendo varias mesas a la vez sin que por ello nadie se sienta desatendido. Verla a ella y al resto del servicio moviéndose por la sala con soltura es casi como un ballet. Tras las cervezas, en botella de aluminio diseñadas por Custo, los snacks...a destacar la esferificación de Bloody Mary. Rico también el queso en salsa de escabeche y el berberecho con emulsión cítrica. El menú comienza con el huevo de corral asado, untuoso y equilibrado (nos recordó -salvando las distancias- al plato del huevo a la gallina" de Arzak). A continuación el "rossejat", una cazuelita de arroz con caracoles y setas de primavera, muy celebrado por los comensales y por mi mismo, que soy pasionalmente arrocero. En un menú "tradición" en Valencia tiene que haber granos ¡¡¡. De pescado, el lomo de mero a la brasa con patatas huecas y suquet, para mí el plato más flojo en principio. Bien el sabor, pero la textura tal vez algo correosa. Una delicia sin embargo las carrilleras de buey estofadas con cebollita glaseada y puré de tubérculos. Se deshacía la carne al tocarla con el tenedor y el sabor ocupaba su espacio tras unos sobros del Pago de los Balagueses. De postre tatín de manzana con helado y yogurt de eucalipto. Tal vez te quedes con ganas de más dulce, pero eso se solucionó con los petit fours que acompañaron los cafés. Estupenda carta de aguas y panes variados recién hechos. Cuidado estricto por los detalles. El servicio muy bueno, sin agobiar, pero pendiente.

De nuevo....La Salita


Mis visitas a Valencia, en lo gastronómico, se han visto últimamente limitadas por culpa de La Salita. Antes aprovechaba la ocasión para ir variando y repartía mas las experiencias, pero ahora me falta tiempo....Si el domingo quiero "arrocear" en la playa, tan sólo me queda el sábado. Siempre pienso que no lo volveré a hacer, que ya he ido muchas veces, pero al final me viene a la memoria la archiconocida frase de Wilde. "la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella"....y vuelvo de nuevo a este restaurante en el que me siento en casa. En esta ocasión -y más allá de la paellita dominguera- la oferta culinaria del fin de semana era ésta, La Salita, y una cena remate en La Sucursal. Nada mas llegar al restaurante, sábado a mediodía, me llamó la atención que había bastante público. Tras las cervezas de rigor el menú degustación en el que de nuevo me sumergí sin prisas y dejándome llevar. Una delicia para el paladar. De todo lo probado, me llamó poderosamente la atención un plato: los raviolis de rabo de toro con mosaico de champiñones,mousse de setas y puré dulce de calabaza. Además de que entraba por los ojos, el sabor de los raviolis se imponía con rotundidad y maridaba perfectamente con el vino que nos recomendaron, un Almirez perfectamente filtrado y decantado.....Toro con toro. Se repitieron algunos clásicos, como el chip de sardina, de nuevo genial, o el gin tonic granizado para pasar a los platos principales. Antes también estuvo presente el foie a la antigua, con crema de espárragos y ahumado, en una presentación muy llamativa. Destacar también la crema de acelgas con navajas y bombones crujientes de papada ibérica y el atún con brunoise de pisto sobre salsa marmitako, para el que nos ofrecieron unas copas de Pinot Grigio. El magret de pato con polenta de hierbas, puré de raíz de apio, caviar de frutos rojos y crujiente de queso ahumado puso el punto y final a la parte salada. A pesar del gozo burgués, el detalle de la polenta me recordó lejanamente a la película "Novecento", que es sin duda algo poco propio cuando te estás pegando una comilona así. A los postres, llegó la bandeja variada que tanto me gusta de este local...en esta ocasión con la creme brulee de café con helado de Pedro Jiménez....el couland de chocolate con corazón de banana y helado de vainilla y la mousse de fruta de la pasión ,con fresas, gelé de mojito y caviar de menta. El vino para los postres, Monbazillac. Y así, tras los cafés y una buena sobremesa, sólo quedaba la opción de la siesta, obligada después de estos placeres pantagruélicos. En las redes sociales, los comentarios de los amigos: "Valencia? has estado otra vez en La Salita?....¡que envidia¡ ".....Llevaba razón Wilde.....

martes, 13 de abril de 2010

Restaurante "Mina" (Bilbao)




Nos costó un poco encontrar el local, junto a la ría y enfrente del mercado de la Ribera. También tiene su emoción buscar y encontrar, tipo secreto bien guardado, aunque a estas alturas Mina es ya muy conocido y se lo merece. La cena fue memorable. Desde la mesa se veía la Iglesia de San Antón iluminada. Con dos cervezas alemanas fresquitas nos trajeron unas aceitunas aliñadas que sabían a Andalucía en pleno Euskadi. Después pasamos al vino de Rueda, Hermanos Lurtón, para empezar a disfrutar con el menú cerrado. La navaja tibia con espárrago de temporada, mostaza, hinojo y naranja estaba espectacular.....Antes le habíamos dado al foie pochado en cerveza negra con txangurro y jugo de tuétano (una delicia untuosa). Las kokotxas de bacalao sobre crema de patatas y frutos secos nos acabaron de convencer. Ración generosa y sabor extraordinario. Después llegó la merluza con habitas, curiosamente maridada con caldo de gallina...y ya al borde de la extenuación rematamos con el pichón de Anjou asado con setas y crema de pain d'épices con miso. La crema acompañaba de forma muy curiosa al sabor intenso del pichón. A los postres un ron granizado con limón helado muy refrescante para pasar después al chocolate blanco con albaricoque y mascarpone casero. Culminas con unos cafés y un cigarrito mirando de nuevo a la ría y te das cuenta de que valía la pena la excursión hasta este restaurante en el que oficia a los fogones el ya -para mi- maestro Álvaro Garrido-. En la sala dirigió con infinita elegancia Lara Martín. Repetiremos seguro ¡¡¡.